Año: 2022
Locación: Topes de Collantes, Sancti Spíritus, Cuba
Categoría: Diseño arquitectónico¿Cuánta costumbre se esconde en la manera en que pensamos un límite, una piel, una cobertura? La arquitectura ha naturalizado el muro como respuesta automática, asumiendo su uniformidad y su espesor constante sin cuestionarlos. Frente a esta lógica, la vasija de barro abre otra lectura posible.
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¿Cuánta costumbre se esconde en la manera en que pensamos un límite, una piel, una cobertura? ¿Qué tan lejos estamos de cuestionar la uniformidad con la que solemos resolverlos? La arquitectura ha naturalizado el muro como respuesta casi automática, pero ¿Qué lo define realmente y hasta dónde puede transformarse?
La vasija de barro permite abrir esa pregunta. En ella, una misma materialidad resuelve toda la envolvente y, sin embargo, su espesor no es constante ni predecible. El interior se vuelve grácil, amplio o contenido, y esa variación se manifiesta hacia el exterior como un cuerpo que puede ser grueso y fino, suave y firme al mismo tiempo. La vasija no separa interior y exterior de forma tajante; los pone en relación a través de su propia membrana.
Desde esta lectura, el proyecto vuelve a interrogar el límite, esta vez con la mirada puesta sobre la piel misma. Al igual que la vasija, el muro adopta una condición versátil: deja de ser homogéneo, se transforma, se espesa o se afina. Quizás entonces ya no se trate de un muro.
La casa se plantea como una masa continua de arcilla moldeada, sostenida y contenida por una estructura independiente de hormigón armado y cujes, capaz de garantizar aquello que el barro por sí solo no asegura. Entre esta estructura emerge una envolvente de tierra que cae, se espesa y se adelgaza, revelando su forma a través de la variación de grosores y la intensidad de su color. El muro deja de ser un plano y se convierte en una membrana habitable.
El proyecto se desarrolla sobre una pequeña vivienda de ladrillo y mampuesto preexistente, ubicada en una antigua finca cafetalera de Topes de Collantes. En un espacio reducido, la intervención busca ofrecer un lugar digno y sensible para sus habitantes —Manolo y el Rubio—, trabajadores históricos del lugar, moldeando sobre la casa original una nueva envolvente de tierra, como si se tratara de una vasija sostenida por un esqueleto.
Esta experiencia marcó el inicio de la investigación Estudios de Tierra, que posteriormente se amplió hacia la evaluación de propiedades del suelo, la sistematización de técnicas constructivas y su aplicación pedagógica y colectiva en proyectos como INUA y el Aula Experimental.