Descripción:
Dos experiencias de usos espaciales que no suelen estar tan cerca, una Fonda y un cultivo intensivo de vegetales, conviven en el mismo espacio. A través de un borde continuo, un muro que va cambiando su geometría se organiza y se construye la condición espacial y el uso del proyecto.
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El Centro Histórico de la Habana Vieja contiene importantes momentos sociales dentro de la trama urbana de ciudad. En él se desarrollan importantes relaciones entre las arquitecturas, la ciudad, la memoria y las gentes. Buscamos recuperar en este ejercicio la Fonda, un espacio común en nuestras ciudades donde se sirven platos de comida cotidiana de la cultura cubana, con precios más accesibles que el de otro tipo de espacios con este mismo uso, un uso tan antiguo como la ciudad y un espacio dentro de ella donde se crean relaciones entre las personas.
Para apoyar a esta actividad gastronómica en el acceso a alimentos frescos se desarrolla en el mismo espacio un lugar para la producción de vegetales y pescados, desarrollando dos sistemas de producción diferentes y haciéndolos trabajar juntos, un sistema de permacultura y un sistema acuapónico, logrando un sistema de funcionamiento circular donde no existe el desperdicio de ningún elemento durante el proceso.
El proyecto no busca construir más de lo que es necesario, todos los espacios se producen a través de la dilatación y contracción de un límite vertical, un muro, que va creando espacios de estancia y espacios de recorridos. Este límite tiene una doble condición, a través de su traza en el terreno produce los espacios donde se desarrollan las actividades de las personas, pero también con su existencia crea fronteras donde impide el encuentro de la actividad gastronómica y la actividad productiva, permitiendo que esta segunda cumpla con los niveles de higiene alimentaria necesarios para poder ser consumidos.